• Un único Dios ISBN 9789873324383, y El observador ISBN 9789873324376
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DIOSES


Uno de los caminos que utilizó el enemigo para engañar a la humanidad fue el de hacer creer que cada fuerza de la naturaleza era un dios distinto. Entonces esa humanidad joven, muy joven espiritualmente, creía que existía toda una legión de dioses. Dioses muy humanos, con falencias humanas, llenos de todo aquello terrenal, pasiones y deseos, intrigas y venganzas. La humanidad volcó en los dioses sus pasiones, deseos, angustias, debilidades. Los dioses eran un reflejo de la humanidad en vez de ser la humanidad un reflejo de Dios. Por supuesto que todas estas ideas habían sido introducidas por el engañador con el ánimo de que entre tantas opciones no se pudiera ver o encontrar al verdadero Dios, que entre tantas voces falsas no se pudiese identificar la verdadera voz de Dios en el corazón.

Estos dioses, estos supuestos dioses, -ya que nunca existieron y sólo eran un engaño en la imaginación humana alentada por la mentira-, parecían caprichosos e irracionales. Las tormentas venían sin razón. Las lluvias caían o no caían sin motivo. Las mareas tenían movimientos propios, el viento, los astros, un sinnúmero de eventos que no tenían explicación si no se le asignaba a alguien detrás que los controlaba, y ese ente, ese dios o dioses que controlaban cada una de estas cosas podía ser comprado, convencido, resarcido, para que -supuestamente- obrara de otra manera. Todo ello formó parte de un combo espiritual, un cúmulo de errores que formaron una espiritualidad, unas religiones transaccionales.

Religión significa re ligar, re unir, reunir al hombre con Dios.

Esta espiritualidad antigua, ancestral, -a la vista hoy- errada, llevó a que el hombre de la antigüedad ofreciera sacrificios cada vez más cruentos en un intento de calmar a estos "dioses" irracionales y caprichosos. Por ello algunas culturas terminaron realizando sacrificios humanos como punto culmine de una supuesta transacción exitosa, en función de conseguir determinados favores: ganar guerras, detener volcanes, tormentas, o controlar todo tipo de fuerza de la naturaleza en las que creían que existía un dios que las manejaba y controlaba.

Es claro que la humanidad fue mal "asesorada" y ese mal asesoramiento estuvo en manos del enemigo, del opositor. Un enemigo que ha intentado permanentemente hacer, conseguir, lograr, que la humanidad se pierda, y que mejor manera para alejarlo de Dios que torcer los caminos que ella intenta construir. Que mejor manera que desdibujar los puentes que intenta tender.

El humano siempre ha sentido la necesidad de desarrollar su espiritualidad y es justamente en esa necesidad que se montó y se monta el opositor para desviar al hombre del camino correcto.
Hagamos un rápido racconto. Primero vemos que la humanidad fue acumulando errores, en primera instancia el de identificar a cada fuerza de la naturaleza con un dios distinto. Luego, que esos dioses pedían un pago para dejar de maltratar a la humanidad. A veces con "motivo", -si pensaban que se habían comportado mal con respecto a ese dios-, y otras veces suponiendo un simple capricho. Y luego inevitablemente nació la idea del pago, del sacrificio. Inmediatamente el hombre fue escalando los sacrificios, y en un abrir y cerrar de ojos estuvo ofreciendo a los enemigos, a las vírgenes, a los niños, a los esclavos, y todo tipo de animales en sangrientos sacrificios. Mientras el enemigo, el engañador, la serpiente, se regocijaba y corría a señalarlo frente a Dios para mostrar el error que fue darles a esos "animales" la imagen y semejanza.

Esto el enemigo aún lo hace. Hace tropezar y luego corre a denunciar y acusar frente a Dios.

Pero por supuesto que los sacrificios son una parte del error humano, un reflejo de la falta de amor por el prójimo, una falta de respeto y valoración de la vida, no sólo de la vida humana sino también de la vida animal. Una vida que desde el principio Dios asume que debe ser protegida.

Es así que Dios -en determinado momento de la historia de la humanidad- decide corregir este error humano y encauzarla con el verdadero conocimiento, reemplazando, sustituyendo lo errado por lo correcto, lo falso por lo verdadero, y para ello crea, forma, hace, un pueblo especialmente diseñado para cumplir esa tarea, la tarea trascendental de enderezar los caminos humanos, y darle una verdadera espiritualidad. Ese pueblo encargado de aquel trabajo es el pueblo elegido, el pueblo hebreo, los judíos.

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