• Un único Dios ISBN 9789873324383, y El observador ISBN 9789873324376
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Cuarta plaga de Egipto


Y vino la cuarta.
"Yahveh dijo a Moisés: "Levántate muy de mañana, preséntate a Faraón cuando vaya a la ribera, y dile: Así dice Yahveh: "Deja salir a mi pueblo, para que me dé culto". Si no dejas salir a mi pueblo, mira que voy a enviar tábanos contra ti, contra tus siervos, tu pueblo y tus casas, de manera que las casas de los egipcios y hasta el suelo sobre el cual están se llenarán de tábanos. Pero exceptuaré ese día la región de Gosen, donde está mi pueblo, para que no haya allí tábanos, a fin de que sepas que yo soy Yahveh en medio de la tierra; haré distinción entre mi pueblo y el tuyo. Este prodigio sucederá mañana". Así lo hizo Yahveh, y un enorme enjambre de tábanos, vino sobre la casa de Faraón y las casas de sus siervos; y toda la tierra de Egipto; la tierra fue devastada por los tábanos. Entonces llamó Faraón a Moisés y a Aarón y les dijo: "Id y ofreced sacrificios a vuestro Dios en este país". Moisés respondió: "No conviene que se haga así, porque el sacrificio que ofrecemos a Yahveh, nuestro Dios, es abominación para los egipcios. ¿No nos apedrearían los egipcios si ofreciéramos ante sus ojos un sacrificio que para ellos es abominable? Iremos tres jornadas de camino por el desierto, y allí ofreceremos sacrificios a Yahveh, nuestro Dios, según él nos ordena". Contestó Faraón: "Os dejaré ir, para que ofrezcáis en el desierto sacrificios a Yahveh, vuestro Dios, con tal que no vayáis demasiado lejos. Rogad por mí." (Éxodo 8:16-22).

Esta vez la plaga no afecta a los israelitas. Toda la historia de las plagas es progresiva, primero los egipcios hacen lo mismo, y todos padecen la plaga, incluidos los israelitas. En cambio ahora, los egipcios, ya ni siquiera pueden realizar las proezas, ni los israelitas son afectados por las acciones de Dios; en este punto radica la diferencia entre las siete y las diez plagas, las tres primeras afectaron a todos por igual, pero, a partir de la cuarta la adversidad es sólo para los egipcios.
Por supuesto, esta vez, tampoco el faraón los deja salir. Eso está más allá de lo que él podía decidir. Todos estaban en las manos de Dios, tanto los de un lado como los del otro.

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